Una mirada al activismo social-político
Publicado por
Diana Duque Muñoz
martes, 11 de septiembre de 2012
Introducción
Esta
semana publiqué el siguiente twitter:
Y me
preguntaron por qué decía esto. No respondí de inmediato porque sé que es un
tema álgido y que si bien podría generar detractores, cosa que en realidad poco
me preocupa, lo que sí debía hacer, era
por lo menos, dejar el tema claro y bien argumentado. No sin antes reconocer
que no será algo objetivo pues yo misma he vivido en carne propia el
significado de estas palabras.
El contexto nacional para la participación:
el empleo, la educación y los medios de idiotización.
El
enunciado va en el siguiente orden de ideas: estamos en un Estado capitalista,
donde el colombiano, la colombiana promedio, no vive, sobrevive: todo es plata;
la salud, la educación, la alimentación, los servicios, el transporte, todo depende
de si puedes o no pagarlo. En pocas palabras la vida y la dignidad de las
personas depende de que estas tengan dinero o no. Los derechos se convirtieron
en servicios y todo está tan bien pensado que la gente está esclavizada en
horarios laborales que aunque legalmente sean de 8 horas, se convierten en 13 o
14 o más.
Una
persona promedio trabaja de siete de la mañana a seis de la tarde, se queda en
el trancón una hora y a las ocho –hora promedio- está llegando a casa, cansada.
Si es mujer, generalmente llegará a seguir una nueva jornada de trabajo que se
extenderá hasta las once o doce de la noche, para madrugar al otro día a las
cuatro de la mañana a dejar “todo” listo antes de salir. Así transcurren los días de la mayoría de la
población colombiana, eso si tienen suerte porque sino les toca salir “al
rebusque” es decir a mirar cómo carajos lograrán hacerse a un dinero para poder
comer algo ese día y llevarle a la familia.
Además
la educación es un negocio, si bien ciertos niveles de analfabetismo son bajos,
es decir, la gente puede estudiar básica y secundaria –no todos, muchos niños y
niñas están desescolarizados, o mal escolarizados en escuelas que no cumplen
con las condiciones de calidad por igual para todos los municipios- Cuando
salen no hay posibilidad de continuar con una carrera universitaria, ya sea
porque no fueron formados con las competencias suficientes para competir con
otros –generalmente de los colegios privados-, o porque simplemente no alcanzan
cupo en la lotería de miles de cifras que es el boleto de presentación a la
universidad. Por lo tanto son absorbidos por el empleo informal en su mayoría,
pues en este país la tercerización está cada vez más arraigada, más encarnizada
devorando el talento y consumiéndose a la población en edad laboral.
Al
final de todo eso ¿De dónde tiempo para participar en la política y de dónde
formación política para comprender la política del país? Sobre todo cuando a la
par, la gente llega a sus casas y todo
lo que quiere es descansar, prende el televisor y el país está vuelto un
mierdero –como cosa rara- Ser colombiano es un problema que se puede aliviar si
logramos –y desarrollamos una amplia capacidad para esto- entretenernos en otra
cosa que no sea el dolor de nuestra guerra, de nuestros desaparecidos y
asesinados, del hambre, la miseria, la casa que se nos va a caer, el conflicto
en el barrio, el toque de queda, la balacera, que no hay con qué pagar el
arriendo, que hay un adolescente embarazado/a en la familia, que una enfermedad
grave avanza mientras se resuelve la tutela para que la EPS responda, y que… en
fin.
Así
las cosas, si la televisión pone una noticia diciéndonos que Piedad Córdoba es
una apátrida todos corren a odiarla porque es mejor poner el sentimiento de
nación en el odio a Piedad Córdoba, que darnos cuenta de la miseria en la que
vivimos gracias a los gobernantes que se montan por los siglos de los siglos a
sostener las riquezas de las 20 familias dueñas del país. Y si mejor aún, dicen
que Chávez es el demonio, todos corren a odiar a Venezuela y a Chávez porque
así descargan toda la furia y la impotencia que sienten por sus vidas
miserables de cuenta de las políticas de su país. Si para completar el
panorama, llega un tipo -en cuyo gobierno le quitaron entre otras cosas, la
salud, la educación y los derechos laborales a la gente- con hablado de
histeria llamando a la guerra y a acabar con bala a todo el que no le funcione
al “país” -entiéndase país como las castas políticas y económicas a las cuales
él pertenece-, a la gente le parece muy bien quizá porque en esas balas y en
esa guerra se concentra la furia que siente por su propia situación y no
parecen darse cuenta que los que mueren en esas guerras no son los hijos del
histérico, ni de las veinte familias, sino los de los campesinos, indígenas,
negros/as y la gente de a pie.
El
sentimiento nacional se fortalece cuando hay un enemigo común porque cuando el
estado falla y la nación no nos puede dar razones para estar orgullosos y
orgullosas de ese invento de ser “colombianos” entonces nada mejor que un
enemigo público. Bueno, hay que reconocer por qué entonces cuando alguien gana
alguna medalla, todo el país quiere llorar de emoción porque al fin ser
colombiano es otra cosa: es la oportunidad de ganarse un trofeo, es tener
talento, es ser capaz, es avispado, es ser “decente”[1]
¡Ah,
por dios, y cómo no aclarar que esta es una decencia cuyos parámetros dictan
las élites criollas alimentadas el imperialismo!, una decencia que consiste en
no ser subversivo… es decir, no escribir cosas malucas como estas que suenan a
pesimismo, o decir otras como las que emite Piedad Córdoba o Iván Cepeda que
sin duda indigestan porque ponen el dedo en la llaga. No decir, no chistar por
nada y dedicarse a trabajar callado y sin quejarse y sobre todo, no intentar
cambiar nada. Y si mejor aún nos hacemos ver como uno de los países más felices
del mundo, ni se diga.
Tenemos
entonces a un montón de gente sumida en la miseria, esclavizada, lejos de saber
la realidad de las cosas que suceden en el país, lejos de saber que la están
usando para que odie a los que debiera amar profundamente y además incapacitada
para asumir un pensamiento crítico: un montón de gente educada por RCN y
CARACOL –por mencionar algunos-.
Con
estos factores que expuse: 1. La esclavización 2. La falta de educación
superior y oportunidades para escalar económicamente y 3. La idiotización que
hace la prensa ¿A qué horas va a participar la gente? ¿A qué horas se mete a
hacer política y a cambiar las cosas?
Ser activista: los derechos humanos de los
otros ¿Y los míos?
Del
otro lado, me disculpan que no perdone espacio… del otro lado están los
defensores de derechos humanos, los y las líderes de las comunidades, los y las
estudiantes -no todos, sino quienes
asumen el papel con sensibilidad- y bueno, en fin, toda esa gente que cree que
hay que construir un país diferente y que se mete con alma corazón y vida en
este proyecto.
Estos
en su mayoría están empobrecidos: los sueldos que paga el trabajo social son
mínimos, a muchos se los reducen cuando las corporaciones se empiezan a
quebrar, a otros les pagan poquito porque la agencia de cooperación
internacional no está de acuerdo con pagar rublos para personal, y tantos otros
están sin empleo porque la cooperación se fue del país a atender otros países
más pobres –qué pena la grosería, pero digo yo: ¿es que creen que nos están
haciendo un favor?, como si no supiéramos que son estos mismos países (nótese
que dije países no las mismas organizaciones) los que nos saquean y han
saqueado nuestras riquezas a lo largo de la historia.
Ah,
pero es que al activista le pagan si tiene suerte de tener un sueldo, porque lo
que más pasa es que ser activista significa estar en un cerro de reuniones,
tener mucho trabajo acumulado, horarios de muchísimas horas al día y ni un
peso. Puede pasar que ser activista implique trabajar un mes entero haciendo
mil actividades, resolviéndole problemas a todo el mundo, estresarse terrible
porque salió esta noticia y la derecha está planeando esto, porque van a matar
a aquellos, porque a este no le cumplen con su derecho y hay que poner una
tutela… Para ser activista hay que saber de política, hay que ser abogado así
sea aprendido al paso, hay que ser periodista, hay que tener hígado de acero
para cuando lo amenacen, para cuando se enfrente al dolor de la gente y se
sienta impotente y para cuando se de cuenta que usted… usted, es un simple ser
humano con límites aunque quiera resolver los problemas del país entero.
Dije
que en un mes usted puede pasar por esto y por más, y luego, cuando llega el
final del mes usted puede darse cuenta que no tiene con qué pagar el arriendo,
los servicios, ni la alimentación, que tiene poco dinero y le toca escoger
entre transportarse a más reuniones o comer algo. A esto se suma que la lucha no da espera, que
usted sabe que tiene que aprender esto y aquello para que no vuelva a pasar que
no sabe y que no tiene cómo pagar para que le ayuden a esta persona o para que
se resuelva este problema que es urgente. Entonces uno es defensor/a de
derechos humanos y activista social, y cree en la justicia y en la dignidad y
busca que la gente tenga un mejor vivir, pero uno mismo no tiene sus derechos
asegurados y puede tener hambre, y puede quedarse en la calle, y puede estar
enfermo. Defiende los derechos de todo el mundo y los de uno se van quedando
para después.
Así
las cosas va pasando la existencia, son los y las activistas quienes más se
enferman y si no se nos mueren
asesinados o desaparecidos, se nos mueren porque les dio un infarto o cáncer,
las enfermedades más comunes de los corazones sensibles y amantes de la libertad
y creyentes en la dignidad.
Si
es profesional y lo picó el mosquito de la lucha social, usted elegirá, si
tiene suerte, entre entregar sus conocimientos y talento a una empresa privada
que le permitirá tener una vida en estrato medio o incluso subir a medio alto
pero lejos muchas veces de sus ideales políticos, o a una ONG que pide su ayuda
y no tiene dinero pero que necesita trabajar ya y mucho. Si no tiene suerte,
sobrevivirá de forma extraña porque al fin nadie sabe cómo hace para salirle al
paso al hambre, a la falta de recursos y de apoyo.
Es a
todo esto a lo que yo me refiero cuando hablo de exclusión: cuando usted tiene
que elegir entre comerse un pan o gastar el pasaje para la reunión está siendo
excluido/a. Cuando tiene que elegir entre irse a trabajar en uno de esos
horarios de esclavo o andar sorteando las dificultades económicas para poder
tener tiempo para sus “otras actividades”, o peor aún cuando trabaja mucho y no
recibe sueldo, hay exclusión. Acaso ¿Quiere
decir que sólo los que tienen solucionado lo económico pueden participar? No se
extrañe entonces por qué –entre muchas otras razones- son las castas económicas
las que se sostienen en el poder.
Y si
bien esto hace parte de un sistema por el que todos y todas trabajamos para
contrarrestar… también me permito llamar la atención sobre las propuestas,
ahora sí, miremos a ver si estas sirven:
Propuestas
- Algunas veces he escuchado comentarios en
planeación de eventos que dicen que la gente va a los encuentros sólo si hay
refrigerio y que no hay que mal enseñar a la gente… yo respondo ¿No le parece
muy triste que esto suceda? ¿Cree usted que alguien que tenga comida en abundancia
y de buena calidad en su casa irá a una reunión por un pastel con jugo? Esto
señala el hambre que sufre nuestra gente, en silencio porque es una vergüenza…
porque se siguen pensando semejantes vejámenes sociales como problemas
privados, que avergüenzan a las personas en lugar de avergonzar a los
gobernantes.
-He escuchado que algunas personas y
organizaciones que teniendo con qué, no le dan pasajes a la gente para que no
se malacostumbre y porque uno va porque quiere, ¿le parece justo que una señora
tenga que elegir entre los huevos pa’ la comida y el pasaje para ir a su
reunión? ¿Por qué esto no es uno de los primeros temas en pensarse para la
planeación de eventos? ¿Entonces el que no tenga pasaje no puede ir? Si hay con
qué, lo primero es que la gente pueda ir, no
le de dolor darle $3200 pesos a una persona para que vaya a una reunión,
no sea déspota porque usted recibe un poquito más y puede ir. Con hambre no se
piensa, con hambre y en la calle hay rabia no ganas de trabajar, no seamos
ilusos
-A algunas organizaciones: ¿Si le pueden pagar
bien a la gente o incluso sólo pagarle por qué no lo hacen? ¿Por qué la
negligencia abusando del que les trabaja gratis porque es incapaz de dejar sus
ideales? ¿Dónde está la coherencia en la defensa de la dignidad y los derechos
humanos? ¿Acaso el que les trabaja no es humano también? ¿No merece descansos,
pago, momentos para sí mismo/a, y demás derechos laborales? ¿Se tiene que
esclavizar porque esto tiene ideales? Sepan que con esto contribuyen también al
desgaste y la desaparición de sus líderes. Hago mención especial de los y las
estudiantes en la universidades, que encima de que tienen que escoger muchos
entre una fotocopia o el pasaje para ir a la universidad, cuando llegan con
buenas notas los ponen a trabajar gratis que para que aprendan ¡Abusivos!
¡Excluyentes! ¡Eso es quitarle la dignidad a la gente, es quitarle la
posibilidad al estudiante de tener los frutos de su esfuerzo, es poner a
tambalear más el sostenimiento de la gente en las universidades!
-Invirtamos en investigaciones que apunten a cómo
generar estrategias de sostenimiento de quienes participan en nuestras
organizaciones. Ejemplo, la investigación que hizo el grupo Cultura, Violencia
y Territorio del Instituto de Estudios Regionales el cual integró al proyecto
de investigación la posibilidad de generar ingresos para las participantes y de
crear nuevas propuestas.
-Generemos redes de apoyo a las actividades
económicas que tienen nuestros compañeros y compañeras apoyando la difusión de
sus actividades y productos, ofreciéndolas entre organizaciones, fortaleciendo
su capacidad de difusión en nuestras redes y páginas web, dándoles prioridad a
la hora de consumir… es decir, que las organizaciones se den a conocer entre sí
las actividades y productos que pueden ofrecer sus miembros para generar una
red de intercambio comercial entre las organizaciones. Y si esto se puede hacer con organizaciones de otros países, mejor.
-¡Hay que tener especial cuidado con la salud
organizacional de nuestros espacios!
-¡Hay que tener mucho cuidado con ser
nosotros/as redes de solidaridad entre nos! Es decir, las organizaciones
deberían fortalecer más los espacios de intercambio social, de compañerismo y
amistad entre los/as integrantes no sólo porque esto genera sentido de pertenencia
y motivación, sino porque permite hacer un trabajo más conjunto, más eficaz,
más pertinente! ¡Pilas con la soledad! no hay nada más contradictorio que la soledad en medio de gente que trabaja por el bienestar de otros. Los procesos deben tener espacios para hablar también de lo que
nos duele, lo que nos preocupa, lo que opinamos, lo que nos preguntamos y con lo que no estamos de acuerdo porque de ahí nace la política,
de ahí se actualiza el pensamiento político y se actualizan los discursos y
crece el pensamiento!
A mi misma me ha pasado todo esto que he comentado, a lo
largo de mi vida como activista y cuando fui estudiante. Una vez, en un grupo
de mujeres jóvenes donde hacíamos una intensa actividad para la ciudad y
logramos una valiosa incidencia en la opinión pública alrededor de las
problemáticas que tratábamos; nos reunimos para evaluar por qué el desgaste,
por qué la desmotivación de todas, las que incluso salían en la TV y en la
radio… y entonces una dijo: “yo salgo en
la TV, en la radio, hago cosas muy importantes que llenan de alegría y
satisfacción, sé que le aporto a la ciudad y a mucha gente, pero ahora que me
veo tengo las medias rotas, y no tengo con qué comprarme unas nuevas”. Y
otra dijo lo mismo y añadió: “y me van a
echar de mi casa, me cortaron los servicios y no tengo qué comer… y sé que
finalmente ante todo esto estoy sola, que si me muero mañana el sol seguirá
saliendo y pronto me olvidarán y además sobre lo que hice seguirá creciendo lo
contrario como la maleza. Por eso me voy, necesito tener con qué vivir”.
Yo quisiera decir lo mismo y más que decirlo aplicarlo, lo
he dicho miles de veces cuando me he quedado en peores situaciones pero no
puedo, es como intentar no respirar. Eso no quiere decir que vaya a acrecentar
indiscriminadamente mi cuota de trabajo gratis cuyo cupo está colmado. El
llamado al autocuidado y al cuidado entre nos, es que tengamos la capacidad de
tener misericordia de nuestra propia humanidad, de cuidar nuestra salud y
bienestar para poder resistir la lucha ardua que nos espera.
Finalmente, me pregunto a veces con todo este trabajo, si no
estamos sosteniendo el poder de las castas al hacer el trabajo que el Estado no
hace y atizar así el fuego que debiera levantarse para replantear cosas… para
dejar en descubierto a carne limpia lo que no hacen nuestros gobiernos. Pero
como sé de antemano que aunque esto sea cierto no vamos a dejar de hacer las
cosas, entonces pongámosle más conciencia a este punto para que la gente se
levante ¡Sí, no me da miedo llamar a la gente a que se levante y deje de
estarse dejando mear la cabeza y agarre las riendas de la política del país!
Por ahora dejemos así.
Feliz tarde
Diana
[1] entiéndase bien que no estoy despotricando de esto,
pues ¿acaso la gente no tiene derecho de sentirse feliz y orgullosa por los
logros de sus compatriotas cuando hay tanta dificultad para salir adelante?
Otro artículo tendría que estar dedicado a analizar las preguntas que pueden
surgir en ese remolino en el que no me detendré ahora.
+19.32.52.png)
0 comentarios:
Publicar un comentario